sábado, 12 de enero de 2008

EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE "PARAFILIA"

El término Parafilia, aunque se construye con dos palabras griegas, es el adoptado en las Clasificaciones actuales de los trastornos psicosexuales a fines del siglo XX, pues carece de connotaciones peyorativas o morales. Pero hagamos una recorrida por los diferentes conceptos que fueron utilizados como sinónimos, algunos hasta la actualidad.

SINÓNIMOS Y CONCEPTOS AFINES

1. Perversiones sexuales
2. Desviaciones sexuales
3. Anomalías sexuales
4. Alteraciones sexuales
5. Conductas excepcionales
6. Preferencias sexuales
7. Variantes sexuales
8. Parafilias

Efectuaremos un análisis del alcance y sentido de cada uno de estos términos para comprender el adoptado por la ciencia en la actualidad: parafilias.

1. Perversiones sexuales

Son los síntomas patológicos que –solamente para el Psicoanálisis- descartan en cualquier caso la vida normal y llegan a reemplazarla. En esta escuela se entiende por normal “la subordinación de todas las excitaciones sexuales a la primacía de las zonas genitales, lo mismo que la de los placeres parciales al orgasmo heterosexual”, según Yampey (54). El niño es un “perverso polimorfo” y la neurosis es el reverso de la perversión, pues mientras en la neurosis el individuo se angustia y lucha contra su regresión y fijación, en la perversión sexual no hay angustia ni lucha, sino “sintonía con el yo”.

La sexualidad genital del adulto sano, procreativa y placentera, supone para el psicoanálisis ortodoxo un acto sexual normal, que Laplanche y Pontalis (32) definen así: “Coito conducente a la obtención del orgasmo con penetración vaginal con una persona del sexo opuesto”.

Desde este modelo de normalidad, serían anormales las actividades sexuales autoeróticas como la masturbación, las homosexuales, Las realizadas con más de un compañero, cuando no hay penetración o en condiciones diferentes a las del coito para la obtención del orgasmo, como en el coito anal o el sexo oral. Esta postura no se compadece con la nueva nosología psiquiátrica aceptada por la Asociación Psiquiátrica Americana, expuesta en el DSM III (3) y el DSM IV (4) universalmente aceptadas. Ni siquiera como síntoma de una enfermedad psiquiátrica aparece ninguna de estas conductas presuntamente anormales.

Ya en 1967, el sueco Üllerstam (53) planteaba una posición muy radical respecto de las perversiones. Dice que “perversión es una palabra que debería ser suprimida; es buena sólo para los oscurantistas y los demagogos”. “No puede ser” –dice- “que todos los fenómenos sexuales sean perversiones, excepto el coito heterosexual en el cual el hombre se coloca encima de la mujer”. Este autor propone definir el perfil del instinto sexual como “el modo de empleo del goce sexual característico de cada individuo”, a establecerse en base a cuatro criterios:

1. “¿Cuáles son los actos o cuáles los excitantes que solos o combinados, pueden provocar en ese individuo sensaciones de goce sexual, erección, eyaculación y orgasmo?”

2. “¿Cuáles son los comportamientos que han llegado a ser necesidades sexuales, coacciones sexuales?”

3. “¿Cuál es el orden de preferencia entre diferentes actos, para satisfacer su instinto sexual?”

4. “¿Cuáles son los comportamientos sexuales concretos que provocan en él angustia o bien sentimiento de culpabilidad?”

Y agrega que habría que determinar también cuál es su perfil de tabú y su perfil moral, como fuerzas interactuantes. Insiste en que el interrogatorio no es un método adecuado para obtener datos fiables, ya que la mayoría de los “anormales” se resignan, no consultan y se llevan a la tumba sus secretos sexuales. La postura radical de Üllerstam lo ha llevado a proclamar que “solo podemos estar seguros de una cosa: de que las “perversiones” ofrecen grandes posibilidades de felicidad. Y esa es la razón de que debamos estimularlas pues son buenas en sí mismas”. Consideremos que en 1967 la lista de perversiones era muy amplia y su reclamo era justificado.

Casi simultáneamente, el psicoterapeuta norteamericano Albert Ellis (16) creador de la terapia racional emotiva, afirmaba que "la relación sexual tradicional puede llegar a ser técnicamente “perversa” si es la única posición técnica que emplea la pareja. Porque temen tener la libertad suficiente para probar otros métodos, para variar y obtener orgasmos mejores y mayor satisfacción”. Hacia la década del 70, Eustace Cheeser (12) llegó a afirmar que “perversión y desviación son términos que expresan juicios morales individuales: no pertenecen al lenguaje científico; no describen los hechos del comportamiento, sino simplemente la manera como ciertas personas reaccionan emocionalmente ante dichos hechos”. Este autor de un “Manual de Educación Sexual para Adultos”, plantea la necesidad de trazar una única línea divisoria entre lo que la gente hace con consentimiento mutuo y lo que hace contra la voluntad de otra persona; el problema social y el antisocial. Y dice: “Tal vez el sexo sin amor, sea cual fuere la forma que asuma, sea la única y verdadera perversión”.

Desde filas del psicoanálisis, Lempêriere y Fèline (33) han propuesto designar como desviaciones sexuales a la homosexualidad, por elección de un objeto total pero inhabitual: y perversiones a las parafilias restantes vinculadas a un objeto parcial. Corría el año 1979, y para entonces hacía 6 años que se había excluido la homosexualidad egodistónica de la lista de enfermedades mentales y quedaba la homosexualidad egosintónica, todavía, como patológica. Pero también se excluyó de la lista de enfermedades a esta última forma en 1987.

En Sexología, no se utiliza el término perversión sexual para calificar ninguna conducta.

2. Desviaciones sexuales

La calificación de desviaciones a conductas sexuales ha sido clásica y aun hoy se sigue aplicando, aunque ha cedido lugar al más preciso de parafilia. Desviación equivale a separación de la norma, de lo normal, alejamiento de las fuentes, del camino esperado, común, habitual, familiar.

“La palabra desviación se refería hasta hace poco” –dice Quijada (44)- “a la función reproductiva: de manera que todo acto íntimo, incluso en parejas matrimoniales, era desviado si no tuviera finalidad reproductiva”. Más recientemente se aceptó que no se trataría de una desviación siempre que la variedad de caricias sexuales como el sexo oral (fellatio o cunnilingus), o el sexo anal “terminasen en eyaculación intravaginal y sin impedimentos artificiales para la procreación”.

No obstante, aun más recientemente, en el ámbito popular se utiliza el término desviación sexual para calificar a lo que hoy conocemos por parafilias, que son universalmente reconocidas por patológicas, sin tomar en cuenta el carácter reproductivo sino placentero del acto. Es claro también que la falta de información hace que popularmente se siga considerando desviación a todo lo que individualmente se considere inadecuado o inmoral. De allí que se recomienda no utilizar el término en el campo científico y sexológico.

3. Alteraciones sexuales

Denominación propuesta por Gallardo (23) para “un conjunto de respuestas que han variado el carácter típico de ajuste sexual de un individuo, a un punto tal, que el patrón sexual se distancia significativamente de los medios típicos de contacto erótico o sustituyen radicalmente el objeto sexual al que se aspira como complemento”.

El de las alteraciones sexuales es uno de los dos campos de la “anormalidad sexual”, junto a las disfunciones sexuales, según el mismo autor. Acepta como sinónimos términos tales como variaciones, conductas alternativas, opcionales, etcétera. Por su carácter tan impreciso y abarcativo, se prefiere no utilizar el de alteraciones sexuales para referirse a las parafilias.

4. Conductas excepcionales

Ante las denominaciones frecuentes de perversión, alteración, aberración, referidas a las parafilias, Giraldo Neira (26) propone la de conductas excepcionales, para sustituir incluso a denominaciones comunes en culturas pluralistas tales como “minorías sexuales o eróticas” y “variedades de la conducta”.

Citando a Beach, este autor dice que las conductas excepcionales se adquieren por un proceso de aprendizaje en que ha habido sustitución de estímulos, es decir, no se obtiene la excitación por el estímulo esperado (la mujer o el varón), sino por otros estímulos “externos”. A veces son la resultante de un bloqueo o condicionamiento negativo que impide el aprendizaje de las pautas de conducta culturales, a la vez que permite otro condicionamiento atípico o culturalmente desaprobado. “Serían conductas normales” -dice- “pero socialmente no aprobadas”.

Esta denominación tampoco es aceptada para denominar a las parafilias. Podría aplicarse a conductas normales culturalmente desaprobadas.

5. Preferencias sexuales

Se refiere a las peculiaridades, opciones libres y no impuestas ni compulsivas, utilizadas para la obtención de placer sexual. Son las seudo-desviaciones o seudo-parafilias. Pero no denominan a las parafilias.

6. Variantes sexuales

El primer autor en utilizar esta denominación fue Freud para definir a la homosexualidad en su “Carta a una madre norteamericana”. Fue utilizada por Marmor (35), ex Vicepresidente de la Asociación Psiquiátrica, en 1973, año en que la homosexualidad fue reclasificada por esta Asociación, excluyéndola de los “trastornos mentales”. Este autor considera que la homosexualidad se trata de ”una mera variante de las preferencias sexuales”, y por tanto tampoco se trataría de una parafilia.

Bianco (7) parte del concepto de variante fisiológica a partir del estimulo y la respuesta. Interesa sobre todo el concepto de que la respuesta sexual se presentará siempre que el estímulo sea eficiente, y la variante está dada por el origen u objeto que estimula; fuente heterosexual, homosexual, zoofílica, fetichista, etcétera.

Así habría variantes fisiológicas sexuales que serían fundamentalmente tres: 1) De persona u objeto que activa el funcionamiento sexual; 2) De método para desencadenar la respuesta; 3) De frecuencia. Habría patología sólo cuando se da fijación, exclusividad o especificidad de estos parámetros.

Todo comportamiento, normal o parafílico, estaría encuadrado en una forma de variante fisiológica sexual de Objeto, de Estímulo o de Frecuencia. Habrían variantes normales y patológicas. Las parafilias serían variantes patológicas. Esta denominación posee la ventaja de un lenguaje descargado de significados valorativos.

7. Anomalías sexuales

Esta denominación fue propuesta por Ganon y Simon (24) en 1967, y está obsoleta, pero plantea una interesante diferenciación de las conductas sexuales. Para ellos, habrían tres tipos de anomalías sexuales:

I) Anomalías normales: Son socialmente reprobadas pero a su vez son muy comunes, rara vez están en abierto conflicto con el orden social y son útiles como complemento de las costumbres aceptadas. Serían conductas sólo moderadamente anómalas. Estos autores ubican entre ellas a la masturbación, las relaciones prematrimoniales, los contactos orogenitales heterosexuales, juegos anales, el sexo en presencia de otros, la promiscuidad y hasta las relaciones extramatrimoniales.

II) Anomalías subculturales y socialmente estructuradas: Son las conductas sexuales más categóricamente reprobadas por la sociedad y en conflicto con los modelos sociales. Entre ella se cuentan: el intercambio de pareja, el sexo grupal, la homosexualidad.

III) Anomalías patológicas: Aquí están ubicadas las conductas tales como el incesto, el contacto sexual con niños, el exhibicionismo, el voyeurismo, las injurias agresivas, el sadomasoquismo, la bestialidad, la urolagnia, la coprofilia y la coprofagia, el travestismo y la necrofilia. También incluía la transexualidad.


Fuente: sexovida

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